Actualidad sobre monólogos

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martes, 4 de diciembre de 2012

MONÓLOGOS ESCRITOS

IR DE COMPRAS

Odio ir de compras. Porque no hay cosa mas mentirosa que ir de compras. Todo está lleno de mentiras. Sin ir más lejos, por ejemplo tu mujer te dice:
-Hoy vamos a comprar al Centro Comercial.
¡Cuidado! Ahí va la primera mentira.
Tu la miras con mala cara y ella te dice:
-Si sólo va a ser un ratito…
¡Segunda mentira! Siempre dicen "un ratito y al final echas toda la tarde en el Centro Comercial"
Porque los hombres vamos a comprar y las mujeres van de compras. La diferencia es que tú vas a comprarte unas zapatillas y un par de camisas, y ellas van a comprar lo que vean. Dan vueltas y vueltas. Pasan tres veces por la misma tienda y las tres veces miran lo mismo. Por fin, después de dar más vueltas que los caballitos de la feria para en una tienda. Y ahí viene la segunda parte: a buscar. Media hora buscando hasta que encuentra lo que quiere. Ahora se va al probador a probárselo. Y tu, como no, le sirves de perchero. Te ves ahí rodeado de mujeres comprando y sujetadores mientras sujetas toda la ropa de tu novia.
-Pasa un momento, cariño- te dice ella.
Y tu pasas ahí pareciendo un perchero andante.
-¿Cómo me queda?
-Oh, muy bien, cariño.
¡Tercera mentira! En realidad piensas: ¡Fatal! Pero a una mujer nunca se le lleva la contraria, porque luego te las guardan. Y ahí va ella todo convencida de que es Angelina Jolie. Le paga a la dependienta, que tiene una cara de mala leche… y entonces por fin te vas…¡de esa tienda!
Al salir te dice tu novia:
-¿Te has fijado en la cara de mala leche que tenía la dependienta?
-Normal, ¡si le has dejao’ la tienda peor que si hubiera pasao’ una manada de elefantes por encima!
-¿Me estás llamando gorda?- te dice ella cabreada.
-Nooo, cariño, si tu estás muy bien.
¡Otra mentira! Y ya van cuatro.
Y esa es otra de las muchas cosas malas que tiene ir de compras, que siempre que se prueba algo te pregunta:
-¿No me ves muy gorda? He engordado, ¿verdad? Si es que claro, todos los días me tienes comiendo pizzas…
¡Pues no te las comas, ya me las comeré yo!
En una de esas interminables vueltas que dais por el Centro Comercial encuentras una tienda de zapatos de hombre, y pasas a comprarte tus zapatillas. Pasas y coges las primeras que ves que te han gustado y mientras te los pruebas ves venir a tu novia con veinte cajas de zapatos.
-Pruébate estos mocasines, que te van muy bien con el uniforme del trabajo. Pruébate estos, que se llevan ahora. ¡No, no, mejor estos! ¡O estos!
-Tu déjame, coño.
-Pero déjate aconsejar, que tu no tienes ni idea de lo que se lleva.
-¿Y a mi que mierda me importa lo que se lleve? Yo lo que quiero es llevar yo unos zapatos.
Pero al final, misión fallida: te acabas llevando los veinte pares de zapatos que te ha dicho tu novia.
Seguís con vuestra ruta, y tres tiendas más adelante ella se para y pone la cara que puso cuando vió el final de Titanic.
-¡Mierda! ¡Mira esta chaqueta: veinte euros más barata y más bonita! Si es que siempre me estás metiendo prisa… Si me hubiera venido yo sola…
-¡Pues no haberme dao’ por saco para que me viniera, que más a gusto estaría yo ahora mismo viendo al Madrid!
Cuando ya parece que se va poniendo bien la cosa es cuando os acercáis a la sección de televisores. Y piensas:
-¡Por fin puedo ver como va el Madrid!
Pero te llevas un chasco al ver que en vez de el partido tienen puesto a una chica que se quedó embarazada a los quince y que le está pidiendo perdón a su madre.
-¡Me cago en El Diario de Patricia!
Total que seguís para adelante, tu con tu cara de mala leche, y tu novia que parece un agente del FBI, mirando a todos lados, con mirada amenazante y con esas gafas de sol negras…
Pasáis al lado de un bar y entonces miras de reojo a la tele.
-¡Mierda, va perdiendo!
Tu novia te mira.
-Pero, ¿Qué te pasa, hombre? Alegra esa cara, que estamos de compras.
¿Y ese es un motivo para alegrarse? Pues ya me has cabreado aún más.
-Vamos a la tercera planta, que ahí si que tienen cosas buenas.                                                                                            

Y os vais a las escaleras mecánicas. Pero claro, hasta que llegas tienes que pasar otra vez por todas las tiendas, porque está colocado todo estratégicamente: las escaleras para subir en una punta y las escaleras para bajar en la otra, de tal forma que si quieres subir o bajar tienes que pasar por todas las tiendas. Cuando vas por las escaleras ves a niños agarrados de la mano de sus padres con cara de tontos, que parece que nunca han subido por unas escaleras mecánicas. Cuando llegas a la tercera planta, te dice tu novia:
-Me voy al Zara, ¿te vienes?
-Y una mierda.
-De verdad, ¡qué grosero eres! Anda espera aquí que no tardo nada.
¡Quinta mentira!
Y piensas:
 -Eso mismo dijiste antes de salir de casa y llevamos aquí ya cuatro horas.
Entonces, como no tienes otra cosa que hacer te vas a la tienda te televisores y, sin que te vea nadie, cambias de canal y pones el fútbol.
En fin, amigos, que si no fuera por las tiendas de televisores, ¿Quién aguantaría una tarde entera en un Centro Comercial?
¡Viva la tele! ¡Y el Madrid!

REFRANES


Buenas noches. Traigo un humor de perros. Vengo de un bar donde me he encontrado con un camarero refranero, ¡Tela marinera! Diez minutos ha tardado en traerme un café y cuando le digo: ¡Hombre, ya era hora!. El tío me suelta: Más vale tarde que nunca.

Y entonces me fijo...: Oiga, aquí hay un pelo.... Y me suelta: Bueno, ¡donde hay pelo hay alegría, hombre!.

- Joder, qué alegría ni que leches, haga el favor de ponerme otro café y se dé un poquito de vidilla que me tengo que ir. Y me contesta: Bueno, bueno, vísteme despacio que tengo prisa...

- Oiga, ¿Me va a contestar a todo con refranes?

- Ya sabe, hombre refranero, medido y certero.

- ¿Certero? Pues me está Vd. tocando un poco las tres de la tarde, la verdad...

- El que se pica ajos come...

¡Joder, qué brasa! Que se me han quitado las ganas de café y de vivir y de todo... Y todavía cuando salgo, para rematar la faena me dice: A enemigo que huye, puente de plata. Nada, que no hay quien pueda con un refranero. Y es que cuando la gente dice un refrán, se cree que está diciendo una verdad indiscutible. Y, me van a perdonar, pero no es así.

Siempre se ha dicho que los refranes son anónimos, pero yo creo que no es difícil saber quien los ha hecho, es más, estoy convencido de que están hechos por una sola persona. Un hombre, para más señas. Y analizándolos, hasta podría hacerles un retrato robot del individuo: Para empezar, estaba como una cabra. Porque algunos refranes no tienen ningún sentido. Explíqueme éste: Cabeza gorda, ojos hermosos ¿Cómo que cabeza gorda ojos hermosos? Eso es mentira. No hay más que ver a Pujol...

¿Y éste? Va uno y dice... Al revés te lo digo para que me entiendas... Pero bueno ¿Tú eres gilipollas? Dímelo al derecho y te entenderé. El inventor de los refranes o era tonto o tenía más morro que un oso hormiguero. Se inventaba un refrán, pero siempre tenía otro preparado por si le pillaban: ¿Qué se quería ir a hacer footing? A quién madruga Dios le ayuda... ¿Qué se le pasaba la manía del footing? No por mucho madrugar amanece más temprano... ¿Qué le daba por acostarse pronto? A las diez, en la cama estés... ¿Qué se le pasaba la manía de acostarse pronto? Quien mucho duerme, poco vive... Y arreglado. En fin, que a mí me descoloca.

Con el amor también se contradice: Contigo pan y cebolla. Pero luego tiene otro refrán: Tanto tienes, tanto vales, que esto me lo creo más. Porque, tú vas con unas stock options a una discoteca y ligas con la que te dé la gana... Ahora, ¡Vete tú con una barra de pan y una cebolla y verás lo que te comes...! Como no te comas la cebolla...

Además, no creo que él estuviera muy puesto en este tema, y digo él porque estoy convencido de que es un hombre. Sobretodo teniendo en cuenta que hay un refrán que dice El hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso ¿Cómo creen ustedes que sería el tío éste? ¿Guapo o feo? ¡Pues feo! ¡Por eso se inventó el refrán! El tío tenía que ser un regalito. Cabeza casposa, poco piojosa ¿Pero será desagradable?...

Eso sí, luego era delicado, no se crean que le gustaba cualquiera... A la mujer, le pedía unas condiciones imposibles: Teta que la mano no cubre, no es teta, que es ubre y Teta que baila en la mano, no es teta que es grano. Vamos, que tenían que tener las tetas homologadas... Como un casco de moto. El tío tenía muy claro lo que le interesaba de las mujeres: A las mujeres y al papel, hasta el culo le has de ver... Que no me parece a mí, una forma de presentarse... Buenos días, ¿Me enseña usted el culo?... Y no acaba ahí la cosa. ¿En qué otra zona se fijaba?... Tira más pelo de coño que maroma de barco... . ¡Hala! ¡Este tío era un enfermo!.

Otro dato que conocemos del inventor de los refranes, es que no debía tener muy buen concepto de Dios, porque lo pone de vuelta y media: Dios da legañas al que no tiene ojos, Dios da mocos al que no tiene pañuelos. Vamos, que Dios no da ni una. Ya podría hacer un cursillo antes de ponerse a repartir a tontas y a locas. Pero éste es el peor: Dios da nueces a quien no tiene muelas ¡Hombre, eso ya es mala leche!.

Y para demostrarles que los refranes no tienen ni pies ni cabeza, les voy a decir unos que he encontrado en el refranero y que me han dejado totalmente alucinado: Chocolate y agua fría cagalera a medio día ¡Ole! A una mujer bigotuda, desde lejos se saluda ¡Venga! ... Y mi favorito: Al que no está hecho a bragas, las costuras le hacen llagas ¡Toma ya!.

Después de lo visto, está claro que el tío era un impresentable y que la mayoría de los refranes los hacía sólo porque rimaban... En agosto frío al rostro... Claro, como rima, pues ya está... Así cualquiera hace un refrán... Yo mismo: En enero, aquí te espero, En octubre... pon la lumbre y En mayo... cuídate el callo ¡Mira como Julio no tiene refrán...! ¡A ver quién le busca una rima a Julio!. Les dejo que lo piensen. Buenas noches.




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